Libros y discos que desaparecen

Desde los ilustres tatarabuelos ha sido tradición en la familia cubrir las paredes con libros y discos hasta no dejar un hueco libre. Entonces vino Internet, al final del siglo XX. Napster hacia furor y yo compraba mi último compact disc de música. Dos años después me deshice de los discos de vinilo. Se suponía que en el siglo XXI íbamos a tener el vídeo y el sonido en pequeños cubitos holográficos y como mi colección de música era más bien normalita, y todo lo que tenía se podía bajar de la red, no me pareció apropiado mantener los grandes vinilos, por no hablar de esas cajas mecanizadas llamadas cintas de casete. En 2002 en casa sólo quedaban trazas de la antigua tecnología analógica de audio y vídeo.

Un par de años después habían desaparecido de las estanterías las películas y los álbumes originales de música en DVD y disco compacto, que fueron reemplazados por sus versiones grabables atiborradas de mp3, avi, mpg, etc, periodo que fue declinando hasta que se ha hecho anecdótica la grabación en estos discos, y han comenzado a extraviarse junto a sus respectivos ficheros y cajitas. Los libros de celulosa siguen el mismo camino, aunque a un ritmo más lento las estanterías también se vacían. Mantengo libros imprescindibles que aun no están digitalizados y compro algún que otro nuevo. Pero colecciones de filosofía, de ciencia ficción y muchos clásicos salieron hace tiempo de casa porque en Internet pululan por todos sitios.

Sigo buscando y almacenando archivos como mis venerables antepasados, pero ahora mucha más información de la que podía tener antaño pegada a soportes físicos y doblando estanterías se ha volcado y le doy uso en un PC, una PDA, cuatro discos duros y media docena de memorias pequeñitas. Y aunque soy un adicto usuario del P2P realmente no llego a llenar los discos y tampoco tengo tiempo para gestionar todo lo que guardo. Ya no espero cubitos holográficos, pero es que tampoco los necesito teniendo acceso a un inconmensurable espacio de contenidos en la red. Ahora en casa muchas paredes están desnudas y me rodea cierto ambiente de liviana desolación que trato de tapar con plantas y gatos.

Lo vertiginoso de estos tiempos es que mientras los libros tal y como los conocemos (formato códice) se mantuvieron junto a nosotros dos mil años sin grandes cambios, los vinilos han perdurado un siglo y las cintas magnéticas unos cincuenta años resulta que todo este tremendo trasiego de formatos y abandono a mansalva de material, ha ocurrido en casa en tan sólo ocho años. Me pregunto qué prodigios veremos en la próxima década, eso si conseguimos evitar exterminarnos entre nosotros por alguna situación absurda, el cambio climático no nos barre del planeta o las industrias de los contenidos no llegan a frenar decisivamente los progresos en las tecnologías de la información.

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9 comentarios:

agnóstico apático dijo...

Sé que este comentario está muy manido, pero soy incapaz de leer libros a través de internet. En alguna ocasión para consultas está bien pero tumbarme en la camita o en el sofá mientras busco la mejor postura para seguir leyendo el librito, acabando siempre con dolor de cuello es una costumbre a la que me niego a renunciar.

Saludos.

Sol dijo...

Afortunadamente, si bien todas estas cosas van desapareciendo, o se van reemplazando por otras "pos modernas", un libro es un libro y las bibliotecas de quienes los amamos siempre van a estar repletas de ellos para colmarnos de emoción cada vez que tomemos uno, por más que mañana los libros se compren en formato pen drive...
La sociedad ha cambiado muchísimo, y como bien dices, a un tiempo extremadamente veloz... Año tras año un nuevo invento que viene a suplantar aquello a lo que recién nos estábamos acostumbrando, entonces me pregunto: Las sociedades están evolucionando realmente??? Mi respuesta es obvia, pero seguramente no coincida con la de la mayoría...
Saludos!

Heli dijo...

Agnóstico si te refieres a leer cosas de Internet a través de un monitor, si que tienes razón, porque hay que estar clavado en el sitio frente a una pantalla fija. Aunque al final en mi caso (entre el email, los blogs, las redes sociales, el messenger, etc) paso más tiempo leyendo en Internet que fuera, y si, con terribles consecuencias para las articulaciones. Generalmente los textos grandes los leo en PDA que en cuestión de portabilidad la encuentro más versátil que un libro y no hay que estar atado a una silla.

Sol no creo que los libros tradicionales desaparezcan, como no han desaparecido los discos de vinilo, mucha gente aun los oye y otros trabajan con ellos. Muchas personas seguirán usando libros de papel exclusivamente, pero otra mucha gente empezamos a utilizar un caos de multiformatos algunos más funcionales que otros. En mi caso los viejos libros si que tienden a desaparecer de las estanterías y su reemplazo es más bien digital. Sobre la evolución social me parece que aunque hemos tenido avances importantísimos (tampoco estamos como para tirar cohetes) se mantienen precariamente y pueden desaparecer en cualquier momento en cuanto la civilización encare algún problema gordo.

Claudia Hernández dijo...

Por los momentos, le libro sigue teniendo un rasgo de fetiche que la tecnología no ha podido desplazar, tiene olor, textura, no necesita batería y es más que portátil. Estoy de acuerdo con el Agnóstico apático.

Por cierto, me ha gustado mucho tu blog.

Los viajes que no hice dijo...

A ver, Heli.

El libro te lo puedes llevar al váter.

Ésa es su principal ventaja, sobre todas las demás.

Porque ocupan espacio y cogen una de polvo...

Sigo teniendo cintas de cassette y ningún reproductor. Mis vinilos desaparecieron (tenía dos, nada más; cuando comenzó a interesarme la música del todo, ya estaba el CD); tengo un pen con el que escucho música insertándolo en un lorito -¿os acordáis de cuando se les llamaba "loritos"? Todos mis amigos se han pensado que les hablaba de un animal- y porque no tengo blue ray, pero sí dvd y tuve laser disc...

La tecnología adelanta que es una barbaridad.

La cuestión es que la voluntad política no lo hace tanto: podemos ir a la luna, no acabar con el hambre en el mundo, ya sabes.

Heli dijo...

Mmm la PDA llega a todos los rincones de la casa o bueno los teléfonos móviles como el iPhone que también funcionan como lectores de libros eléctricos. Sólo en la playa el libro de papel sobrevive a la PDA, porque con las pantallitas retroiluminadas no se ve un pimiento cuando hay mucha luz y además es un medio un poco hostil para la electrónica. Pero incluso allí se pueden recargar con energía solar, en cambio a los libros no hay por donde meterles el enchufe. Creo recordar que en mis tiempos mozos a los "loros" los llamaban gramófonos.

marqus dijo...

Excelente.

Una de las razones por las que considero que esta "evolución" es positiva tiene que ver con la economía de espacio (cada vez somos más y, por tanto, cada día tenemos menos espacio, aunque "paradójicamente" todo tiende a ser más pequeño y a contener más y más información) y con la ecología: ¿es sostenible tal uso del papel, la producción actual de cds?

Justo ahora, que se ha creado un debate en torno al uso y abuso de las bolsas de plástico, creo que nos deberíamos también plantear qué uso y abuso hacemos de libros y cds, o mejor dicho, de papel y policarbonato.

Creo que alternativas como los lectores de ebooks y mp3 son más que viables, aunque, por supuesto, deban seguir "evolucionando".

http://www.tecnogadgets.com/category/lector-de-ebooks/

Además, independientemente de los motivos económicos, ecológicos, etc, todo sea por poder aprovechar hasta el mínimo rincón de nuestros, cada vez más caros y minis, minipisos.

Un saludo.

Heli dijo...

Wow, no sabía que existían tantos modelos de lectores de ebooks. Había visto el Iliad, el Sony PRS-505 y el Kindle (aunque el Kindle tiene tantas limitaciones y es tan feo que lo descarto como lector). Interesante que tengan wifi. :o)

Bambú dijo...

Soy una melómana y me paso el día recuperando vinilos de mis padres. Además, intento comprarlos (últimamente se venden bien y barato, ya que afortunadamente hay bastantes nostálgicos como yo).

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"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua

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