No parece improbable que, de una u otra forma, el monarca haya conseguido abatir especímenes de todos los grandes mamíferos. De entre esos animales existen los que no se pueden tratar como piezas de caza, por eso tampoco debía haber alardeado de matar a un elefante. Los elefantes son demasiado grandes, y sentimos admiración por los bichos grandes, incluso aunque se nos coman: no hay niño que no quiera tener un tiranosaurio en su jardín. Sin embargo el elefante no se come a nadie, en el imaginario colectivo de occidente es un ser poderoso e inteligente, pero apacible. Y también es un dios.
El elefante es una deidad, y no sólo en la India es un dios, en occidente es un icono cultural potenciado por las producciones artísticas y las políticas ecologistas del último siglo. El elefante es un tótem de nuestra época. Pasar de asimilar que los campechanos se cargan ciervos a aceptar que puedan matar elefantes requiere abatir un gran tabú. Por lo tanto fotografiarse con elefantes tratados como "trofeos de caza" es ir mucho más allá de la blasfemia. Si durante la misa el rey salta sobre un obispo y hunde en su corazón un crucifijo de plata no habría horrorizado a mucha más gente que matando a un elefante.
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"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua
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