Tengo una especie de miedo escénico a escribir en el Twitter, algo más de pánico que cuando voy a hacerlo aquí, quizás por creer erróneamente que el microblogging debe ser algo rápido e instantáneo que no exige la reflexión de una publicación en el blog. El microblog no funciona así necesariamente, pero si me dejo arrastrar por el ritmo del vecindario microbloguiano al ratito descubro que estoy enviando cada vez más mensajes, menos meditados, que revelan demasiado claramente tendencias, gustos, limitaciones, fobias, obsesiones, etc, o sea lo que voy siendo. De modo que al final se me congelan un montón de notas antes de que salgan a la red del Twitter.
Aunque todo eso es más evidente en el microblog tampoco deja de pasar aquí en el blog, por mucho tiempo y esfuerzo que pongamos en montar un texto y vestirlo con fríos y objetivos datos extraídos de la Wikipedia (es un decir) es imposible no revelar en cada entrada un poquito de nuestra forma de ser. Y claro lo inquietante no es que estemos descubriendo nuestra oscura personalidad a los pocos lectores que acaban cayendo en la página, ya que los blogueros del montón no solemos tener fieles seguidores o archienemigos obsesionados con nuestra vida dispuestos a juzgar públicamente las causas más intimas de lo que escribimos, muchos ni siquiera llegamos a disfrutar de un troll en condiciones.
El universo tiende a ser tranquilo e indiferente, y el bloguero queda ubicado dentro de una especie de pequeño patio de vecinos donde los lectores son otros blogueros conocidos, buena gente, pero tan saturada de información que a duras penas pueden regalar un comentario en la mayoría de casos sobre las ideas que transmiten las entradas (comentan lectores anónimos también, aunque en la mayoría de ocasiones sólo los dioses saben sobre qué están comentando). Los lectores no tienen tiempo ni interés en descubrir al autor del blog, por eso el miedo escénico no es tan "escénico", porque en realidad no es hacia el público. No hace falta que alguien señale mis carencias morales o intelectuales gracias a los desbarres que dejo en la red para sentir reparos a la hora de publicar, el miedo de verdad viene cuando el bloguero lee sus entradas y comienza a vislumbrar quien es o en quien se esta convirtiendo.
Miedo escénico
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"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua
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