Me explico.
Tanto la Iglesia Católica como Microsoft querrían un mundo ideal en el que sus creyentes y su software respectivamente fuesen "genuinos": nada de creyentes de boda y bautizo, nada de sistemas operativos pirateados. Por otro lado, saben perfectamente que si obligasen realmente a sus seguidores/usuarios a cumplir las normas a rajatabla, el número de estos bajaría drásticamente: les perderían frente al ateísmo o el software libre. Esto a simple vista no parecería suponer un inconveniente: los cristianos de cafetería y los usuarios pirata no suponen ningún beneficio directo para la Iglesia y para Microsoft respectivamente. Ah, pero eso no es cierto del todo: que un 90% de la población sea "católica" y que un 90% sea "cliente" de Microsoft contribuye a mantener un monopolio de facto sobre la influencia religiosa y sobre el software.
Ni la Iglesia ni Microsoft pueden arriesgarse a ser demasiado duros contra los no practicantes y contra los piratas, respectivamente, porque al perderles darían muchísima más visibilidad a las alternativas. Sin embargo, tampoco pueden dejar las puertas abiertas a la pasividad religiosa o al pirateo de software, ya que dependen de sus creyentes/clientes genuinos.
Es por eso que tanto Microsoft como la Iglesia tratan de mantener un precario equilibrio entre luchar contra la piratería (de software y de ritos) sin llegar a impedirla del todo.
Por supuesto, ambas organizaciones tienen estrategias paralelas: la de obligar a todo ciudadano a ser un fiel/cliente genuino. Para eso están los intentos de Microsoft de incluir su software en todo ordenador nuevo, y los intentos de la Iglesia de controlar una mayor cuota de la educación primaria y secundaria.
@Mordisquitos lo escribió en Menéame, en el hilo sobre el arzobispo que urge a los católicos no practicantes a abandonar la Iglesia. En la red hay más comparaciones entre multinacionales que buscan el control de nuestros cerebros y el de nuestros pequeños "exocerebros". Otras analogías entretenidas en el blog de mimetist.






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