Efectos de el discurso del rey

Nadie oye el discurso del rey hasta que no suben el remix a Youtube, pero siempre hablamos de él y al final acabamos enredados en la tradicional discusión sobre la monarquía. Los defensores de la monarquía esgrimen razones de aparente orden práctico (un rey nos sale más económico que otras opciones, está menos politizado, es más fiable, etc) pasando por encima de los principios del régimen. La idea es que la utilidad de un monarca compensaría saltarse los principios de la democracia. Vienen a sugerir más o menos que es mejor vivir bien que la vida buena, postura que resumió brillantemente una insigne folclórica: "mañana falta el Generalísimo Franco, al que admiro, y en su lugar viene un señor de Rusia y me deja seguir trabajando y viviendo igual, y a mí me da lo mismo".

Nuestras maquiavélicas folclóricas obvian los principios de su democracia cuando se trata de justificar la existencia de un rey, pero son lo suficientemente astutas como para no utilizar en sus argumentos entelequias arruinadas como la idiosincrasia de la colectividad nacional o cuentos aun más viejunos como los designios del dios de turno. O al menos no las utilizan directamente, porque si tratan de convencer con la misteriosa idea de que el valor del rey estriba en una superior integridad, buena gestión e independencia frente a la política y los partidos políticos. El misterio suplanta al designio de los dioses a la hora de sugerir que el rey es un ser extraordinario que trabaja mejor y por encima de las flaquezas, pasiones y ataduras que sufren el resto de los mortales.

Además de otro sistema político opuesto a la democracia la monarquía funciona con modelos de individuos y de familias arcaicos o, en sus mejores puntos, conservadores. Lo más moderno o innovador que tiene la familia real quizás sea el diseño del casco de algún velero. Uno no puede ser muy equidistante en política cuando te hacen nacer tan escorado hacia el pasado, y no se puede esperar más independencia que el resto de los mortales de alguien que se ha criado bajo tutores, consejeros y amigos de sectas religiosas que mantienen ideologías ciertamente viejunas. Además con suerte un político se va haciendo, al rey lo hacen, unos personajes más bien conservadores, desde la cuna.

Luego tenemos el tema de su integridad y honradez, que son asuntos muy cuestionables, como en la trayectoria de cualquier tipo dedicado a la cosa pública o simplemente ocupado en la cosa de vivir. En algún cuento de hadas quizás una nación haya entronizado a un estadista genial a la vez que santo, aun así el argumento de los maquiavélicos seguiría sin compensar que nos saltáramos los principios de la democracia, porque nadie produce obras geniales constantemente, y si de ordinario el rey obrara prodigios entonces no necesitaríamos la democracia, ni por supuesto a los políticos.

Si nuestra democracia es un automóvil, los ciudadanos son el motor, las ruedas y según la implicación política de la gente, también el volante, la caja de cambios, etc. En ese automóvil la monarquía son las velas y el ancla. No discutiré que un artilugio de ruedas y motor provisto de trinquete, mesana, palo mayor y mucho nailon nos lleva a los mismos sitios a los que nos conduce cualquier otro coche, pero eso nunca será un coche. Podemos hacer funcionar una aparente democracia saltándonos su principio más básico: sin otorgar el voto a las mujeres o manteniendo la esclavitud, y muchas mujeres pueden estar satisfechas con esa situación, si lo único que buscan es tener trabajo y un plato de lentejas. Los esclavos a su vez pueden contribuir a hacer prosperar la sociedad mientras piensan que viven bien, aunque no lleven una vida buena, pero un régimen esclavista nunca será una democracia aunque le pongan ese nombre.

A lo mejor parece que la monarquía no es tan grave como mantener la esclavitud, después de todo aunque los reyes sean el residuo de antiguos pueblos organizados en castas, no es aquí un fenómeno tan extendido como, por ejemplo, en India. No tenemos a cientos de millones de personas convencidas de haber nacido brāhmanes, chatrías, vaishias, o shudrás, sólo tenemos a una familia aquejada de ese problema. Poner en orden a un grupo de inadaptados no debería representar un gran trastorno nacional, pero lo grave de nuestra situación es que, al contrario que en India, no sólo desistimos de acabar con los restos de una sociedad de castas hereditarias, sino que colocamos el residuo como representante de una democracia moderna.

El dibujo es una caricatura que hicieron en Le Monde al rey de Marruecos.

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Dibujo de Sol Daiana Murua
"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua

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