Lo primero que hago al llegar a la playa es depositar la toalla sobre la arena, sobre la toalla va la camiseta, sobre ella el libro y sobre el libro el sombrero para protegerlo de los peligrosos rayos solares. Colocar todos los artilugios sin que acaben cubiertos por millones de granitos es un arte que requiere una no desdeñable inversión de trabajo mental y esfuerzo físico en un lugar que sólo es adecuado para pasar el tiempo tumbado con la panza al Sol (eventualmente desplazarse hasta la orilla del mar, chapotear al estilo de un cetáceo varado y volver rápidamente a la toalla). Todas las operaciones que conllevan la correcta ubicación de los utensilios playeros hay que realizarlas con exquisita suavidad y prestando mucha atención a la dirección del viento, la velocidad que lleva, la humedad, textura y compactación de la arena, etc. Ante todo la toalla, que es el hogar transitorio del bañista, debe hallarse libre de granitos, especialmente cuando uno viene remojado del mar. Pero en ese instante nos encontramos con esto:
Perros en la playa
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"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua
Apertura sonora del blog cortesía de Violeta






