¿Jesús era hippie?

En su última entrada Bambú propone que Jesús era una especie de hippie. Le he prometido una replica un poquito más extensa que el comentario que hice en su blog.

Creo que Jesús nos parece hippie porque los hippies se parecían a Jesús, al menos al Jesús buenoide que dibujaron los newageros en el siglo XX. Los líderes religiosos como Jesús, mitad ascetas mitad agitadores políticos, tenían aspecto de hippies porque crecían al margen de núcleos urbanos. Estos ascetas competían con el clero urbano organizado, y en las ciudades se enfrentaban a una clase acomodada que estaba interesada en mantener a una casta sacerdotal unida a un gobierno estable, aunque fuera a costa de perder independencia frente a los romanos. Si bien los ascetas como Jesús iban liándola por todas partes surgían (se hacían) en comunidades aisladas como la de los esenios, eran moralistas que se dedicaban a predicar la vuelta a las tradiciones judías, a consolar a la gente, animarla con profecías y a denunciar la corrupción del clero y los abusos de las clases dirigentes, eran amorosos, pero con los suyos, y si conseguían ser muy populares iban formando redes solidarias entre las clases bajas de la periferia de la ciudad, o sea lo que venía a ser gente pobre, oprimida y descontenta que vivía en chabolillas y en los pueblos. En ese sentido Jesús también parece un hippie por ser pobre y rodearse de ellos, pero es que el grupo que seguía a estos cabecillas era por lo general el de la gente humilde, que esperaba que su situación y la de su nación mejorara con un nuevo líder o mesías que les traería riquezas y expulsaría a los romanos restaurando el reino de David en todo su esplendor. Pero la gente que prospera dentro de un sistema no suele querer cambiarlo por muy injusto que sea, de modo que Jesús representaba una amenaza para las clases altas urbanitas que ya tenían a sus sacerdotes, que engranaban muy bien con el gobierno del reyezuelo de turno, que a su vez oprimía bastante bien al populacho y se sometía sin muchos problemas al control romano. Los hippies se parecen a estos grupos de rebeldes liderados por gente religiosa, porque en su época los señores del pelo largo y las chanclas también representaron una amenaza para una parte de la clase media/alta de Estados Unidos. Pero la amenaza hippie era muy blandengue, prácticamente nada, comparada con la zapatiesta que podían armar unos cuantos miles de melenudos judíos dirigidos por un líder mesiánico.

Los individuos que conseguían llegar a la edad adulta en el árido ambiente de la provincia de Judea eran tipos muy duros, mucho más cercanos a un Chuck Norris, que a John Lennon. Lo más parecido que tenemos ahora a las personas y grupos religiosos que había en la antigua Palestina son los islamistas de Hamás que se cultivan en la nueva Palestina, estos chicos además de hacerse volar por los aires junto a grupos de israelíes también son amorosos y extremadamente solidarios entre ellos y sin duda aspiran a la paz, tras expulsar al invasor claro, como les pasaba a los zelotes con los romanos. A pesar de como endulzaron a Pilatos los romanos/europeos siglos después para hacer funcionar mejor religión e imperio lo cierto es que de los gobernadores de Roma era esperable que fueran terroríficos, porque mantenían su poder precariamente con cuatro legionarios sobre un polvorín de nacionalismo preparado para reventar en cuanto se arremolinaban demasiados judíos entorno a un cabecilla, de modo que no perdían la oportunidad de acabar con cualquier profeta levantisco que pillaban (de los que en una de esas te aspaventaban a los comerciantes del Templo). Así que en cuanto pescaban a algún alborotador más o menos popular no tardaban en clavarlo sobre maderos y ponerlo al fresco. Y la historia se repetía, y se repite: los cabecillas carismáticos formados entre grupos de ascetas tendían a cohesionar, con amor y solidaridad, al populacho oprimido y enojado entorno a movimientos religiosos y nacionalistas, los romanos, algo menos amorosos, los iban subiendo a las cruces descabezando momentáneamente los movimientos, como hacen ahora los israelíes con los palestinos, introduciendo misiles por las ventanas de las casas de los líderes musulmanes. Pero la sociedad judía generaba más y más cabecillas, y cada vez las movidas eran más gordas, hasta que los romanos perdieron el control de la situación, se les hincharon las narices y enviaron a sus "marines" que pulverizaron Jerusalén y desperdigaron a los judíos (segunda diáspora), aplastando definitivamente toda resistencia a costa de dejar la zona en ruinas.

El personaje de Jesús es como una cebolla. Le ocurre lo que a Buda y otros semidioses, que representan a individuos que existieron en algún momento pero quedaron enterrados bajo miles de capas compuestas por mitos y adiciones de épocas y filosofías distintas. En Jesús hay un núcleo formado por un cabecilla religioso judío cargado de la simbología bélica propia del mesias libertador del reino de Israel, coherente con su sociedad de revoltosos "judíos nacionalistas" en la que vivió. Sobre ese Jesús hay capas y capas añadidas por escritores helenistas que se inventan o reconfiguran las escenas de su vida, y descontextualizan o confeccionan sus discursos orientándolos hacia otra sociedad, la del Imperio Romano, con un mensaje ético más universal (de salvación y también de sumisión), adaptado al gobierno del imperio y comprensible para los diversos pueblos que lo formaban y a los que no se les había perdido ninguna cosa en Judea. Pero Jesús no es tan homogéneo como una cebolla y las capas de sus distintas naturalezas están revueltas, así que nos podemos encontrar tanto al Jesús pacifista y amoroso como al que profiere amenazas y habla del infierno (Lucas 11:14-23, Mateo 10:15, Lucas 13:5, Juan 3:36, Mateo 13:40-42; Mateo 18:8, Marcos 3:29). Tenemos un cristianismo terrible que valida las historias, tradiciones y leyes del Antiguo Testamento (Mateo 5:17-20), el de Jesús como nacionalista judío que quiere volver a las fuentes religiosas de su reino, que es Israel, y otro cristianismo que nos habla con un discurso más espiritual, amoroso y universal que es el de Cristo como el dios del Imperio Romano (Romanos 5:20, 21). Todo este lío ha ocurrido porque la redacción de la trama y el discurso del personaje ha pasado por manos que vivían en diferentes escenarios culturales y políticos, seguían filosofías distintas y perseguían objetivos diferentes, y es lo que origina que existan tantas interpretaciones, incluida la más novedosa interpretación del Jesús "hippie buenoide".

Dibujo de Sol Daiana Murua
"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua

Apertura sonora del blog cortesía de Violeta