Timopulseras, política y espectáculo

He visto por lo menos a media docena de políticos luciendo en las muñecas las pulseras holográficas pseudomedicinales. Es una imagen inquietante tratándose de personajes que llevan o se proponen llevar el timón del Estado. A pesar de su apariencia quiero pensar que es gente sofisticada y algo ilustrada, que no se colocarían la famosa pulserita si tuvieran plena conciencia de que se trata de una estafa. Pero creo que para ellos es un juguete irrelevante. No obstante si guardan alguna difusa noción de lo que llevan encima probablemente quedará bien oculta por todo el ruido que les habrán metido en la cabeza sus consejeros y estilistas, lo que no hace menos grave el asunto claro.

Me imagino a estos líderes como actores dentro de una comedia, con un equipo de guionistas que van escribiendo su obra y les dicen donde situarse, de qué deben hablar y que han de ponerse, y aunque tengan buen gusto, firmes principios y una gran capacidad de crítica sin duda carecen de tiempo para la reflexión dentro de la agitada e histriónica interpretación de sus personajes. De no estar sujetos a un papel extenuante y a las exigencias de un guión tan estrecho enfocado a ganarse a la mediocridad dudo que pudiéramos verlos comprando un holograma de plástico en una cutrefarmacia con la intención de aliviarse el dolor de espalda. Quizás algunos harían que les trajeran frasquitos con agua de Lourdes o pagarían costosísimas cacerías para obtener el cuerno del último rinoceronte o el brazo momificado de algún santo, pero nunca se pondrían una tira de polietileno de colorines en la muñeca.

No creo que nuestros políticos se paren a pensar con que piezas los van montando sus guionistas. Para ellos la timopulsera será un atrezzo más de entre los miles que van pasando por sus extremidades. Un día los asesores de imagen les ponen las pulseritas, los trajes y las ideas que se llevan para hacerse con la simpatía de la mayor cantidad de votantes de un grupo determinado, al día siguiente las desechan y se enfundan otros vestidos y otros discursos según las simpatías que quieran cosechar. Y en esto no hay diferencias entre los partidos, todos los especialistas en marketing que configuran a los políticos gordos son clones mentales que trabajan con las mismas herramientas para conseguir idénticos fines. Si perforarse la nariz y atravesarla con la cola de un roedor fuera una moda terapéutica, generalizada entre algún grupo numeroso, tendríamos al político adornando su bigote con el rabo de una rata. Intentar representar al pueblo es una gran idea de la democracia que se vuelve muy siniestra cuando los tecnócratas piensan que para encandilar a la idiotez hay que imitarla.

Entrada inspirada en Timopulseras, glamour y mal ejemplo de Fernando Frias. Las fotos de las lideresas posando con sus abalorios fueron muy reveladoras.

3 comentarios:

Violeta dijo...

Parece ser que la pulserita es el complemento perfecto para mantener el equilibrio con taconazos. A ver si funciona también con el mental, que a algunos no les vendría mal.

He llegado hasta aquí por casualidad, y me parece que me quedo definitivamente. Con tu permiso, te sigo.

Saludos desde el Universo Violeta.

Por cierto, me quedo con el gadget del tiempo en Mordor, que me interesa muchísimo.

Anónimo dijo...

Cuidadito con meterse con las pulseras, que desde ayer forman parte de la máxima autoridad sanitaria del país (visto en http://blogs.elcorreo.com/magonia/category/avance-la-ciencia-supersticion-e-incultura ) ,yo voy a comprarme una en cuanto pueda, por mi salud y para tener un look tan moderno, chic y progre como la Sra. ministra!

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