Llevo un par de semanas redescubriendo la bicicleta. No la usaba desde la más paleolítica infancia, y todo porque para ir a la playa necesito algo que coma menos gasolina que el coche. Por lo visto le había dado mi bici no se a quien hace un montón de años, pero cuando una bici se va otra viene, y mi tío me ha dejado un modelo que si bien es algo antiguo esta como nuevo, y va perfecto para desplazamientos dentro del pueblo, e incluso para hacer saltos de un pueblo a otro. Por desgracia aunque es una bici en condiciones no me permite llegar hasta la playa en estado saludable, pero ha sido un primer paso en el descubrimiento de las insospechadas y fantásticas potencialidades del vehículo. Ya tengo localizadas varias bikes bicicletas eléctricas montañesas con alguna de las cuales espero hacer una ruta practicable. Aun se habla poco de las bicis eléctricas, pero si la crisis sigue igual de bien creo que en unos años veremos crecer su popularidad.
De momento la antigua y venerable bici de paseo de mi tío ha sido una sorpresa. Me parece increíble hasta donde puede llegar uno con un par de ruedas que sostienen un chasis en su mínima expresión. Después del caballo la bicicleta es el transporte más elegante que existe, y a diferencia de éste no es necesario alimentarlo con alfalfa... salvo que el ciclista coma alfalfa. En millones de blogs de los amigos de las bicis nos cuentan que la bicicleta es el vehículo popular más eficiente en cuanto a consumo de energía, también es uno de los más ligeros y te lo puedes echar sobre el hombro si hay que pasar por encima de un peñasco, pero sobre todo es un artilugio sencillo que apenas tiene complicaciones porque funciona con un mecanismo de sofisticada simplicidad en el que prácticamente todo esta a la vista. Y es cierto porque ayer, por primera vez, reemplacé la cámara de una rueda en menos de media hora gracias a un vídeo de Youtube.
Con unos cuantos clips de vídeo y cuatro herramientas en cuestión de minutos te conviertes en un técnico especialista en reparaciones de bicicletas, y no hace falta gastar tiempo y dinero en mecánicos. Aparte de la autonomía que te otorga la bicicleta uno de sus puntos fuertes es la versatilidad. Con la bicicleta desaparecen los obstáculos. Si vas por la carretera y te aproximas a un atasco o a un semáforo en rojo puedes saltar por encima de ellos subiendo a la acera y paseando por entre los pobres peatones sin renunciar a tu superior estatus de ciclista. La bici también te permite hacer mil y una tropelías por la carretera en ciudad y por lo general el entorno es bastante permisivo con el ciclista, pero si intuyes la sombra de alguna autoridad picajosa basta con volver a subir a la acera. Lo importante es saber que la acera es nuestro último refugio, un lugar en el que te puedes reconvertir al instante en un inocente peatón siendo sencillo mimetizar tu vehículo con los coches de los bebes y los carritos de la compra.
Los ciclistas somos como los vikingos, que remontaban por las vías fluviales más impracticables con sus barquitos y eran felices asustando a la gente. Por ejemplo cuando te encuentras cerca de parar la bici al subir a una acera no es complicado utilizar las frenadas extremadamente chirriantes para asustar a los peatones desprevenidos, y casi nadie se enoja siempre que consigas fingir una aceptable cara de buenoide consternación. Otro motivo para contar con la acera es que las calles medievales del pueblo se trazaron tan estrechas que en muchos tramos los autos son incapaces de adelantar a las bicis. Por eso cuando quiero desquiciar un rato a los conductores monto de nuevo en la bici, y me bajo de la acera con el fin de situarme rápidamente a la cabeza de una fila de desesperados que, para variar, se ven obligados a desplazarse a una velocidad razonable. La bici es diversión sobre todo.
Las carreteras principales que hay entre los pueblos te permiten circular con más rapidez que en ciudad, y algunas incluso tienen arcén (olvidaos del "carril bici" o cualquier otra sofisticación de la civilización occidental). Según el flujo de tráfico estas carreteras pueden ser más o menos letales, aunque siempre son más peligrosas en una región como la mía especializada en la generación intensiva de tecnoburros (léase canis y otras subespecies similares nacidas de los repollos de la huerta, el ladrillo y los talleres mecánicos en las últimas décadas del siglo XX). Por fortuna el valle donde vivo consiste en una gigantesca extensión de cultivos recorridos por una red de senderos y pequeñas carreteras, muchas de ellas asfaltadas y bastante cómodas, que apenas tienen tráfico de gente o vehículos. Por estas vías uno puede ir rápidamente de pueblo en pueblo encontrando pocos artefactos móviles por el camino, salvo tractores o alguna pobre lagartija.
Asustar a viandantes sorprendiéndoles por detrás con frenadas chirriantes, aplastarle la cola a una pobre lagartija, enganchar la bici al cochecito de un bebe o colisionar con el carrito de la compra de una anciana llenando la calle de albaricoques son sucesos que difícilmente se pueden disfrutar con plenitud si vas manejando un automóvil. En el interior de la cabina del coche la experiencia de la conducción consiste en ceñirse a unas normas rígidas y girar, frenar o acelerar, la gente, la calle y otros vehículos se tornan difusos y pasan con tal rapidez que pierden sus verdaderas dimensiones humanas, físicas y hasta espirituales. Cuando empiezas a moverte por el mundo con la bici te das cuenta de lo alienante que es el coche. La bici te descubre la realidad más real del entorno, humaniza a los humanos que debes esquivar o con los que colisionas (o a los que asustas), y estoy seguro de que nos hace mejores personas.
La bicicleta su uso y reparación
8 comentarios:
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Anónimo 2010 dijo...
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No se preocupe mucho porque su nueva vieja bicicleta no le permita llegar a la playa en estado saludable. Es lo natural cuando se está sin montar desde la infancia paleolítica. Al principio, volver a dar pedales se hace un mundo, pero afortunadamente, si no se tienen pretensiones deportivas sino de simple transporte inteligente (además de sano y divertido), se coge fondo físico enseguida, el suficiente para que el chapuzón en la playa sea un premio al periplo ciclista y el camino de vuelta en bici sea un premio por las molestias que causan los perros, niños y demás especímenes playeros.
Dese un poco de tiempo y verá. Lo más seguro es que en pocas semanas deje de pensar en bicis (o bicicletas, pero no "bikes", por favor) eléctricas: cualquier bicicleta moderna por barata que sea incorporta un cambio de velocidades de rango muy amplio -entre 18 y 27 velocidades- que hace posible transitar sin demasiado esfuerzo por cualquier vía. Las bicicletas eléctricas están muy bien para circular en ciudades con pendientes muy pronunciadas, pero no dejan de ser unas máquinas que normalmente pesan el doble de kilos que una bici normal y cuestan una cantidad indecente de euros, es para pensarselo bastante antes de hacer ese gasto. Y tan expuestas a robos como una bici de 80 euros del "Carreful". (sigue) - sábado, agosto 28, 2010 1:52:00 AM
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Anónimo 2010 dijo...
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No estoy muy de acuerdo con eso de que la bicicleta sea el transporte más elegante después del caballo. A lo mejor a una cierta distancia puede dar esa impresión, pero tal imagen se desintegra cuando nos acercamos lo suficiente para comprobar, decepcionados, que el medio de transporte más elegante es un animal con una portentosa habilidad para ir al paso, al trote o al galope y, a la vez, no dejar de hacer caca casi continuamente. La bici, como mucho, llega a manchar con la cadena los bajos del pantalón del ciclista, y de ahí no pasa. Eso es elegancia y sobriedad.
Admito que esa fábrica ambulante de abono orgánico gana en elegancia a la imagen de ciclismo agresivo, hipertecnoburrológico, competitivo, microespecializado, caro y uniformado que se promueve desde muchas firmas comerciales con el fin de captar clientes casi con el mismo espíritu del "tunnig" automovilístico y que asocian la bicicleta a una iconografía y "estilo de vida" lleno de neumáticos de tacos, aleaciones impronunciables, lycra de colorines y estampados psicodélicos, componentes mecánicos carísimos (e infrautilizados) y mil y un accesorios (cascos, zapatillas de 8ª generación, ropa "tecnológica" o los aberrantes "camelback"), pero si hablamos de máquinas lógicas, sencillas, para usuarios de la bicicleta sin otras pretensiones, probablemente ganemos de calle, navaja de Occam en mano, al más elegante de los nobles brutos.(sigue) - sábado, agosto 28, 2010 1:54:00 AM
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Anónimo 2010 dijo...
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Reivindiquemos la bici urbana, la bici rural, la culminación de la tecnología creada por el hombre para desplazarnos del punto A al punto B sin deshumanizarnos ni atentar contra la vida y la lógica, y sin tener que disfrazarnos de atletashipertrofiados por dentro y forrados de lycras por fuera (bueno, es opcional). Y ya puestos a reivindicar, creo que habría que hacer una colecta o algo parecido con el fin de reunir fondos para organizar el sacrificio ritual del inventor del "camelback" y apoyar sin reservas el uso del clásico bidón de plástico y la aún más clásica, práctica, entrañable y española bota de vino (si, también sirve para llevar agua), tan ligada tradicionalmente al uso recreativo de la bicicleta en nuestra tierra.
- sábado, agosto 28, 2010 1:55:00 AM
- Heli dijo...
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Bueno en realidad el problema de la ruta a la playa no es tanto la forma física como su duración, que aun en las condiciones teóricas más ideales excede el tiempo que puedo dedicar a "irme de paseo, playa, caballos, etc". Y pensándolo mejor me parece que esto no se soluciona electrificando el viaje, porque sospecho que la bici eléctrica no me va a dar mucha más velocidad. Seguramente es más adecuado utilizar una minimoto, pero a ser posible que sea eléctrica o que funcione a base de cáscaras de coco o algún combustible asequible. De momento la bici va perfecta para ir a hiper, y hoy le he puesto una cestita para cargar con la compra.
- sábado, agosto 28, 2010 2:49:00 AM
Dibujo de Sol Daiana Murua
Apertura sonora del blog cortesía de Violeta







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