La bicicleta su uso y reparación

Llevo unas semanas redescubriendo la bicicleta porque tenía que acercarme a la playa con algún vehículo que no gastara cientos de euros en gasolina. Y la bici no defrauda. Me parece increíble hasta donde puede llegar uno con un par de ruedas que sostienen un chasis en su mínima expresión. Después del caballo la bicicleta es el transporte más elegante que existe, y a diferencia de éste no es necesario alimentarlo con alfalfa... salvo que el ciclista coma alfalfa. En millones de blogs de los amigos de las bicis nos cuentan que la bicicleta es el vehículo popular más eficiente en cuanto a consumo de energía, también es uno de los más ligeros y te lo puedes echar sobre el hombro si hay que pasar por encima de un peñasco, pero sobre todo es un artilugio sencillo que apenas tiene complicaciones porque funciona con un mecanismo de sofisticada simplicidad en el que prácticamente todo esta a la vista.

Con unos cuantos clips de vídeo y cuatro herramientas en cuestión de minutos te conviertes en un técnico especialista en reparación de bicicletas, se acabó gastar tiempo y dinero en mecánicos. Aparte de la autonomía que te otorga la bicicleta uno de sus puntos fuertes es la versatilidad en ciudad. Con la bicicleta desaparecen los obstáculos. Si te aproximas a un atasco o a un semáforo en rojo puedes saltar por encima de ellos subiendo a la acera y paseando por entre los pobres peatones sin renunciar a tu superior estatus de ciclista. La bici también te permite hacer mil y una tropelías y por lo general el entorno es bastante permisivo con el ciclista, pero si intuyes la sombra de alguna autoridad picajosa basta con volver a subir a la acera. Lo importante es saber que la acera es el refugio del ciclista, un lugar en el que te puedes reconvertir al instante en un inocente peatón siendo sencillo mimetizar tu vehículo con los coches de los bebes y los carritos de la compra.

Los ciclistas somos como los vikingos, que remontaban por las vías fluviales más impracticables con sus barquitos y eran felices asustando a la gente. Por ejemplo cuando me encuentro cerca de parar la bici utilizo las frenadas extremadamente chirriantes para asustar a los peatones desprevenidos, y casi nadie se enoja, lógicamente no puedes estallar en malévolas carcajadas, hay que fingir cierta consternación. Pero no todo se limita a fastidiar a peatones. Otro motivo para contar con la acera es que las calles medievales del pueblo se trazaron tan estrechas que en muchos tramos los autos son incapaces de adelantar a las bicis. Por eso cuando quiero desquiciar un rato a los conductores monto de nuevo en la bici, y me bajo de la acera con el fin de situarme rápidamente a la cabeza de una fila de desesperados que, para variar, se ven obligados a desplazarse a una velocidad razonable. La bici es diversión sobre todo.

Las carreteras principales que hay entre los pueblos me permiten circular con más rapidez que en ciudad, y algunas incluso tienen arcén... olvidaos del "carril bici" o cualquier otra sofisticación de la civilización occidental. Según el flujo de tráfico estas carreteras pueden ser más o menos letales, aunque siempre son más peligrosas en una región como la mía, con abundantes locos al volante. Por fortuna el valle donde vivo consiste en una gigantesca extensión de cultivos recorridos por una red de senderos y pequeñas carreteras, muchas de ellas asfaltadas y bastante cómodas, que apenas tienen tráfico de gente o vehículos. Por estas vías uno puede ir rápidamente de pueblo en pueblo encontrando pocos artefactos móviles por el camino, salvo tractores o lagartijas. De todas formas a mi destino final ¡la playa! llego sin dar muchas vueltas por uno de los caminos que siguen el rio

Asustar a viandantes sorprendiéndoles por detrás con frenadas chirriantes, aplastarle la cola a una pobre lagartija, enganchar la bici al cochecito de un bebe o colisionar con el carrito de la compra de una anciana llenando la calle de albaricoques son sucesos que difícilmente se pueden disfrutar con plenitud si vas manejando un automóvil. En el interior de la cabina del coche la experiencia de la conducción consiste en ceñirse a unas normas rígidas y girar, frenar o acelerar, la gente, la calle y otros vehículos se tornan difusos y pasan con tal rapidez que pierden sus verdaderas dimensiones humanas, físicas y hasta espirituales. Cuando empiezas a moverte por el mundo con la bici te das cuenta de lo alienante que es el coche. La bici te descubre la realidad más real del entorno, humaniza a los humanos que debes esquivar o con los que colisionas (o a los que asustas), y estoy seguro de que nos hace mejores personas.

6 comentarios:

Anónimo 2010 dijo...

No estoy muy de acuerdo con eso de que la bicicleta sea el transporte más elegante después del caballo. A lo mejor a una cierta distancia puede dar esa impresión, pero tal imagen se desintegra cuando nos acercamos lo suficiente para comprobar, decepcionados, que el medio de transporte más elegante es un animal con una portentosa habilidad para ir al paso, al trote o al galope y, a la vez, no dejar de hacer caca casi continuamente. La bici, como mucho, llega a manchar con la cadena los bajos del pantalón del ciclista, y de ahí no pasa. Eso es elegancia y sobriedad.


Admito que esa fábrica ambulante de abono orgánico gana en elegancia a la imagen de ciclismo agresivo, hipertecnoburrológico, competitivo, microespecializado, caro y uniformado que se promueve desde muchas firmas comerciales con el fin de captar clientes casi con el mismo espíritu del "tunnig" automovilístico y que asocian la bicicleta a una iconografía y "estilo de vida" lleno de neumáticos de tacos, aleaciones impronunciables, lycra de colorines y estampados psicodélicos, componentes mecánicos carísimos (e infrautilizados) y mil y un accesorios (cascos, zapatillas de 8ª generación, ropa "tecnológica" o los aberrantes "camelback"), pero si hablamos de máquinas lógicas, sencillas, para usuarios de la bicicleta sin otras pretensiones, probablemente ganemos de calle, navaja de Occam en mano, al más elegante de los nobles brutos.(sigue)

Anónimo 2010 dijo...

Reivindiquemos la bici urbana, la bici rural, la culminación de la tecnología creada por el hombre para desplazarnos del punto A al punto B sin deshumanizarnos ni atentar contra la vida y la lógica, y sin tener que disfrazarnos de atletashipertrofiados por dentro y forrados de lycras por fuera (bueno, es opcional). Y ya puestos a reivindicar, creo que habría que hacer una colecta o algo parecido con el fin de reunir fondos para organizar el sacrificio ritual del inventor del "camelback" y apoyar sin reservas el uso del clásico bidón de plástico y la aún más clásica, práctica, entrañable y española bota de vino (si, también sirve para llevar agua), tan ligada tradicionalmente al uso recreativo de la bicicleta en nuestra tierra.

Bambú dijo...

Para ir por el pueblo, nada mejor que un caballo

Heli dijo...

@Bambú es lo que yo digo, lo ideal es el caballo.

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