Libertad para maltratar

Si hay una situación que los conservadores de la tauromaquia siempre tienen a mano para echar sobre los críticos carnívoros del toreo es la de nuestra afición por la carne que suministran animales de granja tratados en condiciones penosas. Dejando aparte que no esta nada claro que sea muy saludable dejar de ser omnivoros y que por lo tanto matar para comer sea una necesidad vital y no sólo mero placer, como lo es la tauromaquia, al tratar de defender a ésta hablando de las desgracias sobre el maltrato de animales en granjas y mataderos los defensores de la lidia parecen ignorar que argumentan desde la ética de la civilización occidental moderna y por lo tanto se sitúan inadvertidamente en inferioridad moral. Es la represión del maltrato puesta en marcha por la ética de la compasión, la benevolencia y el aborrecimiento de la crueldad hacia débiles e indefensos lo que esta minando la razón de la lídia, acudir a una supuesta contradicción de los carnívoros abolicionistas para defender la tauromaquia es tirar piedras sobre el propio tejado. No fue siempre así, en otras épocas el pueblo disfrutaba con ejecuciones y torturas públicas de toda clase de bichos, bichos humanos incluidos.

Los conservadores no deberían enfrentarse a los colectivos animalarios, que sólo son el síntoma, sino a la verdadera enfermedad que son las ideas de compasión y benevolencia hacia los animales que se iniciaron con la civilización y han crecido en las sociedades modernas desde la Ilustración. Penalizar el maltrato festivo pero querer excepciones nos fríe la conciencia a base de cortocircuitos morales que no sufrimos con otro tipo de relaciones donde también matamos y hacemos padecer sufrimientos, como por ejemplo en las granjas y mataderos. Porque en ese caso gestionamos un sistema en el que el sufrimiento es una condición necesaria para la obtención de un placer, pero que se encuentra abierto a ser progresivamente neutralizado porque el sufrimiento no es parte inmediata del placer, ya que el objetivo no consiste en disfrutar por medio del maltrato sino a través de la muerte. Ver o pensar en el sufrimiento del animal que nos estamos comiendo no enriquece el plato, no mejora su sabor y de hecho nos arruinaría la consumición, por otro lado sería una psicopatía pensar que la más placentera ingesta consiste en comernos al animal vivo mientras disfrutamos de sus nobles y valientes intentos por zafarse de nuestras mandíbulas (ni en el caso de algunos moluscos percibir el resultado de su sufrimiento forma parte esencial del placer de consumirlos vivos). Los mataderos pueden minimizar o incluso extinguir el sufrimiento de los animales sin arruinarnos el placer de degustar un filete. Cosa muy distinta es mantener un entretenimiento cuyo fin pasa por gozar a través del sufrimiento, ya que la lidia es un juego cuya razón de ser consiste necesariamente en el maltrato planificado de un animal y si bien se dice no gozar de ver sufrir al toro, siempre se necesitará de la contemplación del sufrimiento para gozar. Los que disfrutan de la lidia, aunque sean vegetarianos, nunca podrán hacer sufrir menos a los toros sin acabar con la tauromaquia.

Para dar fin al cortocircuito moral sería más lógico eliminar la idea de que el maltrato por placer es un mal, y así las personas que disfrutan con las vejaciones a los animales o mediante ellas no se considerarían mala gente, la sociedad volvería al convencimiento de que los animales son cosas, mobiliario insensible que se encuentra sujeto a los deseos de sus dueños por brutales que sean, lo que llevaría a abolir las leyes que sancionan a las personas que apalean a sus perros o a los adolescentes que se divierten incendiando gatitos, mientras que las industrias cárnicas no tendrían que hacer gasto alguno en mejorar las condiciones de vida del ganado. Obviamente tratar de defender la lidia por ese camino es muy complicado, salvo que nuestra civilización retroceda a un estado preindustrial provocado por una catástrofe apocalíptica, pero sería una defensa de la tauromaquia cabal, no autodestructiva como esa afición por rememorar desgracias que no hace más que a fuerza de invocar otros males reconocer los propios.

8 comentarios:

agnóstico apático dijo...

Enhorabuena por el artículo. Calidad y racionalidad.

Bambú dijo...

¿Te vienes conmigo a crear polémica a este blog? http://garciafrances.blogspot.com/ No en plan trol, obviamente, simplemente en plan progres entre un mare magnum de conservadores taurinos

Heli dijo...

@Agnóstico apático gracias! me he especializado en este tema. XD

@Bambú vale ¿Pero en que entrada? :)

Bambú dijo...

No sé, una de tauromaquia y Cataluña cuyo nombre no recuerdo; pero sí que hay 30 comentarios de los cuales el ultimo es mío XD

Bambú dijo...

Enconte el link!!!
http://garciafrances.blogspot.com/2010/07/la-politicos-apuntillan-la-fiesta.html

Heli dijo...

@Bambú si, vi tu comentario, pero ahora ya no lo veo. Escribí uno pequeño pero aun no ha pasado, quizá no sea un blog abierto a la polémica.

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