Perros en la playa

Lo primero que hago al llegar a la playa es depositar la toalla sobre la arena, sobre la toalla va la camiseta, sobre ella el libro y sobre el libro el sombrero para protegerlo de los peligrosos rayos solares. Colocar todos los artilugios sin que acaben cubiertos por millones de granitos es un arte que requiere una no desdeñable inversión de trabajo mental y esfuerzo físico en un lugar que sólo es adecuado para pasar el tiempo tumbado con la panza al Sol (eventualmente desplazarse hasta la orilla del mar, chapotear al estilo de un cetáceo varado y volver rápidamente a la toalla). Todas las operaciones que conllevan la correcta ubicación de los utensilios playeros hay que realizarlas con exquisita suavidad y prestando mucha atención a la dirección del viento, la velocidad que lleva, la humedad, textura y compactación de la arena, etc. Ante todo la toalla, que es el hogar transitorio del bañista, debe hallarse libre de granitos, especialmente cuando uno viene remojado del mar. Pero en ese instante nos encontramos con esto:

La bestia, trotando desatada sobre lo que hasta ese momento era un remanso de paz por culpa del incivilizado de turno, un tipo de esa especie de canis (el dueño, no el perro) que pone el celular a máximo volumen en todo medio de transporte que se encuentra atiborrado de gente o el widget de música (con reproducción automática) en su blog hortera para que al entrar puedas acordarte de sus padres. Entonces un terremoto de entusiasmo y felicidad sobre cuatro patas provoca un tsunami de arena que cae sobre la toalla, el libro, la camiseta, el sombrero y el estúpido bañista. En un instante se organiza un alegre armagedón en el minúsculo hogar playero, y lo único que se me ocurre es hacer gracias al perro y tirarle el dichoso palito. No soy una excepción, estoy seguro de que pocas personas pueden oponer resistencia al caos y la destrucción cuando nos visita en forma de labrador. Es una barbaridad dejar sueltos a los perros en la playa, pero mucho peor es soltar a perros simpáticos, porque dejan al bañista indefenso ante el abuso. Si no se permiten chuchos en las playas es por varias buenas razones.

6 comentarios:

Bambú dijo...

Yo hace unos aqños tenia perro, educadísimo por cierto. Solucionaba mi dilema, es decir, mo poderme dar un chapuzón con él,c yendso a playas naturistas. Qué bella infancia. =)
Yo entiendo esta norma, siempre por cuatro gilipollas cae el resto.

Bambú dijo...

Ayuda a librarse del antropocentrismo que tanto critico. Yo a mi hijo, le comprare un perro niñera como era el mío. Un Epagneul Brtón precios, cómo lo hecho de menos. Creo que subire una foto suya.. como se hace en blogger?

Heli dijo...

Estupendo. Creo que los buenos perros nos vuelven mejores personas y mucho más cuando somos enanos. :)

memetika dijo...

Nonono...
Más horrible aún son los niños sueltos corriendo por ahí D:
Y todos sonriendo sus gracias como si fueran la gran cosa :(

Anónimo dijo...

Los perros por su parte manifiestan que quieren una playa sin humanos xd, que por que tenemos nosotros más derecho xd.

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"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua

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