La palabra viene del griego "apotrepein" (alejarse) y es la propiedad de un objeto, rito o fórmula de alejar el mal. No es un término muy conocido, la ciberRAE lo ha incorporado hace poco. Pero creo que merece ser rescatado, sobre todo porque nuestra cultura ha asimilado un montoncito de objetos mágicos etiquetados con esta cualidad cuyo propósito consiste en protegernos de los ataques de hechiceros, dragones, espíritus malignos, vecinos envidiosos y otras criaturas de ultratumba.
Uno de los objetos apotropaicos más famoso es el udyat, el conocido "Ojo de Horus" que los antiguos egipcios estampaban por todos sitios y ahora encontramos en sus tumbas y sarcófagos y colgando de mozitas góticas. Su variante más popular actualmente el nazar boncuğu (ojo turco) no es raro verlo en forma de cuentas en las pulseras, en collares e integrado en toda clase de bisutería y objetos de decoración que la gente encarama a muebles y paredes. Hasta se pueden ver pintados ojos turcos sobre la cola de aviones (turcos), único lugar por cierto donde el autor del blog (que no cree en la aviación) considera que este símbolo puede ser de alguna utilidad práctica.
Pero las figuras apotropaicas más relevantes de la cultura occidental son sin duda las cruces. Antes de que el cristianismo tomara la cruz como imagen de adoración (una adopción tardía), las cruces eran símbolos que cubrían las tumbas y los templos paganos con el fin de proteger al recinto y a sus ocupantes de los malos espíritus. Esa función ha estado vigente hasta que comenzaron a declinar las películas de vampiros de la Hammer en la década de los 70 del siglo XX.
Después del hundimiento de esta compañía los vampiros empezaron a reírse del efecto apotropaico de las cruces, hasta el punto de que al finalizar el siglo éstas dejaron de aparecer en el "kit cazavampiros" de los protagonistas de las películas de vampiros. Muchos jóvenes ignoran que hubo un tiempo épico en el que con una buena cruz se podía frenar en seco a un vampiro. Otro día hablaremos sobre el efecto apotropaico de los ajos, escasamente cinematográfico, pero mucho más contundente.
Apotropaico
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