Autobiografía censurada

En la Biblioteca escéptica se puede leer la siguiente cita de la autobiografía de Darwin.

Actualmente, el argumento más común en favor de la existencia de un Dios inteligente deriva de la honda convicción interior y de los profundos sentimientos experimentados por la mayoría de la gente. Pero no se puede dudar de que los hindúes, los mahometanos y otros más podrían razonar de la misma manera y con igual fuerza en favor de la existencia de un Dios, de muchos dioses, o de ninguno, como hacen los budistas. También hay muchas tribus bárbaras de las que no se puede decir con verdad que crean en lo que nosotros llamamos Dios: creen, desde luego, en espíritus o espectros, y es posible explicar, como lo han demostrado Tylor y Herbert Spencer, de qué modo pudo haber surgido esa creencia.

Las negritas no llegaron a aparecer en las anteriores ediciones de la autobiografía del biólogo. Ha sido la última y reciente edición la que ha publicado el texto íntegro. Sin el texto en negrita el sentido del párrafo cambia totalmente. Es como si Darwin nos transmitiera información de forma entrecortada con un teléfono que sufre interferencias. Las interferencias en este caso las puso la religión. La esposa de Darwin por temor a Dios o a la reacción de su sociedad censuró las memorias de su marido. Esto acontecía a la élite de la acomodada intelectualidad británica hace sólo un siglo.

Cuando se cuenta la historia de la relativamente "legalista" (para su época) Inquisición española, se presta más atención a los extremos, a los excepcionales achicharramientos, y menos al cultivo de la autocensura y la mediocridad de la gente que vivía condicionada por el constante miedo a multas, exclusión, humillaciones y torturas. No hace falta fusilar o achicharrar a las personas para empobrecer intelectualmente a una sociedad.

Ahora mismo periodistas o blogueros de sociedades teóricamente libres censuran sus ganas de cuestionar a empresas, religiones o gobiernos porque temen que las críticas afectarían a su entorno y pondrían en dificultades sus relaciones sociales o su medio de subsistencia. Eso no es tan dramático como la amenaza de que te encarcelen, te achicharren o te envíen a un pelotón de fusilamiento, pero el estatus de la mayoría es muy frágil y el miedo a que sea alterado aunque sea lévemente ya es motivo suficiente para renunciar a la expresión. Y de esta forma echamos a perder nuestra libertad y quizá muchos pensamientos valiosos y originales.

1 comentarios:

Alea dijo...

Lo cierto es que la palabra censura nos hace pensar en sociedades y épocas pretéritas o lejanas. Pero debemos andarnos con cuidado porque la libertad es un bien frágil, algo que nunca hay que dejar de defender porque siempre hay alguien que a las claras o no tan a las claras pretenden recortarla. Aunque parece un concepto bien asentado y establecido no falta quien en nombre de la seguridad, de la tolerancia, la prudencia o de cualquier otra palabra buenoide pretende recortarla. La libertad y entre ellas la de expresión no se puede dar por terreno conquistado.

Se ha instalado una forma de pensamiento políticamente correcto, en los que yo llamo " los campeones de la tolerancia " que consiste no ya en no expresar, que ya es malo, sino en no permitirse criticar ni en la intimidad del pensamiento cualquier barbaridad que se ampare detrás de las creencias religiosas o las costumbres y culturas que no nos son propias. Como si una barbaridad deje de serlo solo por ser dicha o practicada en otro lugar o por otras gentes, como si los derechos humanos no estén por encima de las costumbres grupales o como si la tolerancia de la intolerancia produjera milagrosamente tolerancia.

Las religiones claman a gritos pidiendo respeto hacia sus creencias, mientras los campeones de la tolerancia les hacen el caldo gordo pidiendo, comprensión y prudencia.
Llamemos a las cosas por su nombre. Callar por miedo, por miedo al descrédito, a la impopularidad, al ostracismo o incluso por miedo a herir sensibilidades es autocensura y una forma de cobardía que solo puede llevar a un empobrecimiento del debate ideológico.

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