El tiempo de hoy y de ayer

He descubierto que en Google Heart se puede activar una capa meteorológica, y de nubes, todas las nubes del planeta. También tiene radar, que de momento no se para que sirve pero pinta sobre el mapa una luz verde fosforito muy entretenida (lluvia creo). Incluso hay una forma de descargar la secuencia animada del recorrido de las nubes a lo largo del día. Aunque en Internet hace tiempo que es normal mirar fotos de satélite de las nubes o consultar las previsiones meteorológicas, ver todo esto en la bola azulada de Google Heart es mucho más emocionante. Hasta se pueden presenciar los huracanes de costumbre arrasando islas, penínsulas, Estados y poblaciones que, cuando te vas acercando, parecen misteriosamente imperturbables, soleadas y llenas de gente y vida.


Cuando era pequeño y sólo teníamos un par de cadenas de televisión públicas después del telediario nos plantaban un mapa de "el tiempo" que tenía un aspecto bastante soviético. Tenia no obstante una nota de color cuando le colocaban el icono de "nubes y claros". El alegre dibujito en cuestión se parecía a un huevo frito. Había muchas cosas que me fastidiaban de ese mapa, cosas como su diseño deprimente. Pero la principal era que, por la tontería de los nacionalismos, no aparecían nunca huevos fritos en Portugal, Francia o Marruecos, en realidad no aparecía nada, ni montañas, ni verdes prados, nada. El conjunto era muy inquietante, como si en esos países no existieran montes, y no tuvieran nubes, como si fueran grises y enigmáticas potencias extranjeras sin rasgo alguno.



Sin embargo mucha gente vive cerca de las fronteras, y pasan todos los días de un país a otro. Evidentemente esas personas no se desplazaban de un terreno mecido por el viento o la lluvia a un plano sin orografía en el que, por algún motivo nacionalista, se alcanzó la entropía, de modo que no llegó a existir nunca el viento, ni las nubes, ni nada reseñable por los meteorólogos españoles. Esa gente, pensaba yo, también estaba en su derecho de saber el clima que iba a hacer en los países vecinos que visitaba o en los que trabajaba. Aunque tampoco era esperable que el problema se solucionara desde una televisión española, y que los técnicos fueran a dar un poquito de color tras las fronteras patrias, ya que algo así podría haber desencadenado otro ridículo conflicto diplomático.

No obstante sigo pensando que, independientemente de lo mucho o poco que abarcara el territorio del pequeño mapa meteorológico que nos ponían por la tele, Portugal, Francia y el norte de África siempre merecieron tener valles, montañas y alegres iconos de huevos fritos. Pero llegó Internet y nos hizo más libres, porque la red no conoce fronteras. Ya nadie me impone el país por el que debería (según el gobierno) interesarme meteorológicamente. Ahora puedo no estar interesado en el tiempo que hará en Extremadura y disfrutar del transcurrir de los huracanes por el Caribe. Se que el ejemplo no es muy afortunado, pero no hay que preocuparse, porque en las imágenes de Google Heart las ciudades siempre quedan indemnes, como si los huracanes no fueran más que una pequeña brisa primaveral.

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Dibujo de Sol Daiana Murua
"Sol de marzo" de Sol Daiana Murua

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