La historia de las cosas

“La Tierra tiene unos recursos limitados, para una población limitada, pero para el mercado el número ideal de consumidores es infinito”. Miguel Ferrer

The Story of Stuff es un cortometraje escrito y narrado por Annie Leonard, dirigido por Louis Fox y producido por Free Range Studios. Con una factura impecable es terrorífico y didáctico a partes iguales. No obstante tiene un final optimista. Demasiado en mi opinión, aunque necesario para no acabar saltando por la ventana después de verlo.



Este vídeo me recordó el paradigma económico dominante de la Tierra plana (el sistema lineal en un mundo finito) que cita Albert Allen Bartlett y que descubrí gracias al estupendo blog de Gabriel Tobar García. Las cosas pintan tan mal que tengo pocas esperanzas de que ser conscientes de los desaguisados que esta creando nuestro sistema económico, energético, de producción (de cosas) y reproducción (de personas) vaya a librarnos a estas alturas de acabar bien fritos, salvando los trastos mediante una especie de economía de guerra con futuros regímenes poco propensos a mantener derechos y libertades. Y eso en el mejor de los casos. En el peor de los casos, bueno el 80% de la población mundial ya hace tiempo que esta en el peor de los casos, así que no hace falta un gran esfuerzo imaginativo para vislumbrar el futuro inquietante que estamos legando a nuestros descendientes.

Si en la escuela y en los medios se hablara de cómo funciona la tecnología, la energía y la economía que nos sostienen seríamos más conscientes de cuales son los verdaderos problemas que hay que solucionar. Por eso quizás empezando con vídeos como este, donde la autora se pregunta algo tan sencillo como de dónde vienen las cosas, podríamos empezar a tomar conciencia de los problemas que tenemos encima e influir de la mejor forma en nuestros políticos. Pero no esperemos que los gobiernos nos instruyan sobre lo importante. En la escuela siempre tendrá más preferencia la batalla de Lepanto y en el congreso las disensiones sobre el concepto de nacionalidad que nuestro futuro como especie. La sociedad aun no ha empezado a identificar y cuestionar los focos básicos desde los que se generan casi todos los problemas.

Estamos sumidos en una especie de superestructura que llena nuestro tiempo mareándonos con retórica maniquea sobre conflictos políticos locales, las más de las veces vacuos o infinitamente menos importantes que nuestra dependencia del petroleo o el crecimiento demográfico. La maquinaria desbocada que mantiene en marcha la economía queda en manos de especialistas y de tecnócratas que no hacen grandes esfuerzos por enseñarnos lo que pasa. Hay como una tendencia a la ceguera general, que parece tener un interés suicida por no desvelar a la gente cómo funciona el mercado y los sistemas de producción. Vamos al hiper montados en nuestras bestias devoradoras de petroleo pisando despreocupadamente el acelerador con una venda en los ojos. Y la castaña será de aupa.

Esta gente cree que el crecimiento a perpetuidad es deseable y que consecuentemente debe ser posible, así que no puede ser un problema. Al mismo tiempo hay todavía algunas personas “de la Tierra esférica” que van por ahí hablando acerca de “límites” y en particular acerca de los límites que implica el término “capacidad de carga”. Pero los límites son incómodos, porque los límites entran en conflicto con el concepto de crecimiento infinito, así que hay un movimiento creciente que huye del concepto de límites. Un amigo volvió recientemente de una conferencia internacional celebrada en Alemania y cuenta que cuando empezó a tratar el tema de los límites, por agria respuesta obtuvo “¡Estamos cansados de oír hablar de los límites del crecimiento! ¡Haremos crecer los límites!” Albert Allen Bartlett

"La respuesta a la pregunta de cual es el límite de población para los recursos del planeta depende de qué calidad de vida quieres que tenga la gente. Hay estudios que afirman que si todos los habitantes del mundo tuvieran el nivel de consumo de los estadounidenses, harían falta varios planetas. Si todos viviéramos como los habitantes del Chad, sin embargo, podríamos dejar que la población del mundo creciera varios miles de millones más. La actual crisis alimentaria y las migraciones por la sequía han mostrado que algunas regiones no pueden soportar las poblaciones que albergan. Una población siempre en aumento sólo puede llevar a más hambre e inanición, congestión del tráfico, contaminación del aire y del agua y alza de los precios inmobiliarios". Maria Starkey

Mapa encontrado en el album de pingnews.com

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